Jo, EspartaKa

Ho he parlat amb la gent del pis i, finalment, tots i totes ens hem decidit a escriure aquest blog. Els meus companys diuen que hem de contar la nostra història.

Sóc una rata. Els humans diuen que sóc un "animal de laboratori". Classifiquen a la resta d’animals com a coses, amb adjectius que ens defineixen per la nostra utilitat per a ells. I totes són dolentes per a nosaltres, els animals que no hem nascut humans.

Al laboratori ens volen pel mateix que volen una proveta. Som un instrument d’investigació. I ens inoculen tota mena de productes, ens donen descàrregues elèctriques, ens fan emmalaltir i arribar a la psicosi, ens fan patir. Ens torturen i maten per a provar barres de llavis o productes de neteja. No importa que les provetes no puguen sentir i nosaltres si. Ens tracten igual.

Els humans també utilitzen les rates de laboratori per a altres coses. Jo, per exemple, vaig ser comprada al mercat d’esclaus per a que em mengés una serp esclava que, tancada a la seua pressó-vitrina de la mida d’una caixa, menja quan els seus "amos" ho decideixen. Jo sóc tranquil·la i pacífica; m’hauria capturat ràpidament, i la preuada "propietat dels humans", mostrada amb orgull a les visites, no hauria patit perill.

Però la serp es va morir abans de menjar-me. Segurament de pena, somiant, dins de la pressó-vitrina, amb un ample territori, ple de pedres sota les que passar la nit i on prendre la calor del gran sol, no d’una trista llum artificial. Somiant ser lliure com les rates que li permetrien sobreviure, i amb les que lluitaria per la vida en igualtat de condicions.

Ella morí mentre jo esperava, a la tenda distribuïdora d’esclaus no humans, dins d’una gàbia on no em podia moure. El traficant d’esclaus no estava molt content que jo estigués a la tenda, no era bo pel negoci. Quan ja tenia decidit donar-me com a "pèrdua" (matar-me i llançar-me a les escombraries) es trobà un humà i una humana amb els que ha començat la resta de la meua vida.

dijous, 29 d’octubre de 2009

Dorothy i Wenka

Dorothy

“Después de que un cazador matase a su madre, Dorothy fue vendida como “mascota” a un parque de atracciones en Camerún. Durante los siguientes 25 años de su vida, permaneció atada al suelo con una cadena alrededor de su cuello. Soportando mofas y burlas, sus “cuidadores” la enseñaron a beber cerveza y a fumar para divertir a los visitantes. En mayo del año 2000, Dorothy – obesa por su pobre dieta y la falta de ejercicio – fue rescatada y reubicada junto a otros 10 primates. A medida que su salud se fue restableciendo, comenzó a aflorar su naturaleza amable. Adoptó a un chimpancé huérfano llamado Bouboule y entabló gran amistad con muchos otros primates, incluido Jacky (el macho alfa del grupo) y Nama (otro de los monos rescatados de aquel infame parque de atracciones).”


“El día 21 de Mayo pasado fue un día como cualquier otro para una chimpancé que no se
conoce su rostro, pero se sabe que está allí, en los sótanos del Centro de Primatología de Yerkes, perteneciente a la Universidad de Emory, en Atlanta, Estados Unidos. Ha cumplido ya 55 años. Wenka sabe que hace una eternidad vive en Yerkes, pero aunque ella no sepa contar los días y años como los humanos lo hacen, solo piensa que ha conseguido sobrevivir y que sigue luchando desesperadamente por su vida, tras más de medio siglo de tortura.

Wenka también sabe que los hijos que trajo al mundo desaparecieron horas después de su nacimiento, y nunca consiguió tenerlos junto a ella y demostrar su cariño como madre. Sabe perfectamente que entre las centenas de inyecciones que penetraron sus venas, con todo tipo de productos, desde alcohol a hormonas y que perturbaron su metabolismo, ella ha conseguido sobrevivir.

Wenka no sabe lo que es el cariño, el abrazo de otro chimpancé y está ya muy lejos en lo recóndito de su memoria los dos años que vivió, después de su nacimiento en otro laboratorio (el que precedió a Yerkes, en Orange Park, Florida), cuando fue tratada como un bebe humano en la casa de una persona. Wenka ha vivido prácticamente toda su vida en un laboratorio, fue - tal vez - solo tocada por manos enguantadas en material sintético, y nunca por el calor de una mano humana desnuda. Conoció el dolor en todas sus formas posibles. Ya, en el primer día de su nacimiento, fue arrancada del pecho de su madre, e hicieron con ella la primera experiencia, en un cuarto oscuro, donde eran estudiados los defectos de la visión humana.

Wenka, está sola.”

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Una miqueta de relax